Sri Lanka logra amputarse la violencia...¿ y ahora?

Las más recientes notícias llegadas del país, que ha estado sometido a un largo periodo de violencia (cuando no de guerra civil encubierta) entre el Gobierno y la guerrilla, fuertemente armada, del LTTE, hablan de un final de la ofensiva a gran escala que el ejercito srilankés, emprendió en 2007 (e intensificó en 2008) para tomar control definitivo sobre las amplias regiones del norte y este del país, que la guerrilla del Ejército de Liberación del Tamil Eelam había convertido en su feudo.
Las crónicas hablan de júbilo en las calles, con las miras puestas en un futuro sin temor a los atentados y los magnicidios, que tan duramente han conmocionado a la población civil.
La solució militar al conflicto ha contado con el beneplácito de las potencias internacionales, y el apoyo explícito de algunos, como China o Rúsia, que han apostado por el "tour de force" bélico (vetando la cuestión en el Consejo de Seguridad de la ONU), en vistas quizás, a la falta de habiliad del LTTE para atraer apoyos en el extranjero, y en el plano interno, buscar soluciones negociadas. También quizás, con un ojo puesto en sus propias veleidades de contención del separatismo.
Además, el momento era idóneo para el Gobierno, debido a una popularidad decreciente del LTTE entre la propia población tamil (la minoría exluída a la que dicen representar), que ha sido víctima, por partida doble, del conflicto. India además, gran hermano tradicional de los tamiles, se mantuvo al margen, lo que también dió alas a la ofensiva.
Sin embargo, el presunto fin de los combates por KO, puede cerrar una etapa que reabre ahora, nuevas necesidades: la primera, a partir de mañana, como resolver el efecto colateral y que ahora debería ser prioritario, de los centenares de miles de desplazados por el fuego cruzado. En una segunda fase, el gobierno deberá encontrar un nuevo encaje para la minoría tamil en una sociedad y un sistema político, el srilankés, que debemos recordar que es una de las democracias más antiguas del subcontinente (e incluso con solera entre las democracias vigentes en el mundo, que como la india, llegó con la independencia del país). Finalmente, reconstruir la identidad del país en un entorno de paz del que casi no tiene recuerdo, un objetivo en el que los actores internacionales podrían (y deberían) también implicarse del mismo modo.
Es preciso pues, confiar en que el Gobierno dispone ya de una segunda fase prevista para la resolución del conflicto. Una fase que deslegitime de una vez por todas la violencia con una mayor justicia en el reparto de bienes y derechos. Los esfuerzos del gobierno deberían centrarse ahora, sobre la población cingalesa, la mayoritaria, para que acceda a compartir los réditos de la paz.
Se trata pues de una sanación por amputación, con la heridas aún abiertas y que debe recibir los cuidados precisos, para que no sea peor el remedio, que la enfermedad. Si no, es posible que la violencia prevalezca y senzillamente, cambie de forma.



